martes, 6 de julio de 2010

Yapa

Ese beso cosecha tardía despertó un silencio de días chatos y lo convirtió en aguacero, esos que sorprenden a los que andan sin prisa y sin paraguas y se ríen a capella porque saben que no hay tiempo para ensayar abrazos, sólo un rato de pasión y un aplauso, para luego reestrenar el día chato.

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