lunes 30 de enero de 2012

Cosas de familia


A Beto la vida lo hizo soltero. Es un buen tipo que se dedica a su trabajo. En su oficinita el olor a humedad combina de manera irritante con el aroma a café quemado. El color marrón triunfa en la vestimenta de Beto. Todos sus trajes son del mismo color, sus camisas ya pasadas de moda siempre están acompañadas de su corbata preferida, marrón por supuesto.
Beto tiene el aspecto de un señor jovial aunque su cabellera crespa y azabache se ha convertido en una calvicie. Otra de las malas herencias de su madre.

Chela vive para ser mala. Fanática a la fuerza de las pelucas y sombreritos. Pisa casi los cien años y su mal carácter se incrementa con el pasar de los calendarios. Su centro de operaciones es la sala principal de su departamento, antes paqueto, ahora venido menos. La sala está atestada de muebles y adornos. El teléfono está siempre junto a Chela, sobre una mesita rectangular con rueditas. Le encanta mirar televisión y nunca recibe visitas. Nadie la acompaña.

Nadie duerme la mayor parte del día cerca de la estufa. Su pelaje se confunde con la funda gastada que viste el sillón del que se ha apoderado desde que llegó a esa casa. No es bonito ni juguetón. Está excedido de peso y el ojo izquierdo tiene signos de cataratas. Come todo lo que encuentra debajo de la mesa y su única gracia es rastrear miguitas de Pasta Frola con gran velocidad.

Hoy Beto comprará una tarta de ricota en la confitería predilecta de su madre. Chela se comerá toda la tarta con un pequeño tenedor de plata mientras Nadie la mire.

viernes 18 de noviembre de 2011

Sala desespera

Un hombre está sentado en una sala de espera. Mira el revistero. Son revistas viejas, gastadas, manoseadas. Elije una . Pasa las hojas de manera automática. Reconoce haber visto ese fancine por lo menos cien veces. Jamás siguió sus consejos, no cocinó el solomillo de cerdo a la mostaza ni se depiló de manera definitiva con láser; jamás hizo ese viaje en crucero y nunca supo cual es el color que mejor le queda.
La mesita ratona sólo tiene un florerito de porcelana ordinaria. El hombre lo observa detenidamente y descubre que está remendado en el borde. Unas florcitas de plástico intentan completar la decoración. No lo logran.
El silencio de la sala crea un zumbido horrible.
El hombre entrecruza sus manos y juega a unir las puntas de los dedos enfrentando las uñas. Meñique con meñique, anular con anular. Se le entreabre la boca mientras pega yema con yema. Aprovecha para chequear cuan mugrientas o impecables están los bordes de esas uñas. Se come el hollejo del dedo pulgar de la mano izquierda.
El sillón es marrón y aparenta ser mullido; quizás no sea cómodo porque los resortes están vencidos, el relleno de los almohadones está apelmasado y el hombre que está sentado, se hunde. Se hunde, y desaparece. Pierde su turno.

lunes 18 de abril de 2011

Soy

Espiga y daga.
Todo.
Nada.

martes 22 de febrero de 2011

Amelia

Amelia vive en su dormitorio. Es un ambiente de techo muy alto pintado de color beige. En sus paredes no colgó nada. La cama es de una plaza y tiene la misma colcha desde hace cuatro décadas. La colcha es tejida a mano. Los almohadones son muchos, desparramados por el suelo y de diferentes tamaños. La luz es tenue , deprimente y se mezcla con el perfume Heno de Pravia, única fragancia que usa Amelia. La mesita de luz es de estilo provenzal.El cajón de abajo suele trabarse por eso allí guarda cosas que no usa a diario. En cambio en el cajón de arriba atesora sus medicamentos, un pequeño libro de poesías de Lorca, una libretita desvencijada y una cajita de porcelana. en esa cajita duerme el anillo de compromiso que le regaló Beto, con quien jamás se casó.

domingo 26 de diciembre de 2010

Lista de regalos

Una noche furiosa
un velero
dos mares

la insolencia enlatada

Un reloj sin agujas
muchas llaves
un pasadizo

Un diamante en bruto

Un aquí

Un ahora

y besos
todos los besos

jueves 16 de diciembre de 2010

Otro

Descolgó la promesa y la puso de espaldas, como en penitencia. Y allá estaba el clavito, solo, testigo de la pasión desbocada. La cama recitaba suspiros y goces. Lo intenso, eterno.
Colgó la promesa en el clavo ruborizado. Barrió la culpa debajo de la alfombra. Se despidieron hasta el próximo pecado.

lunes 6 de diciembre de 2010

Y que te dejes...

En las esquinas comienzan a amontonarse persianas y celosías. La gente tira las llaves por las alcantarillas como una moneda en fontana. En parques y plazas se arman monumentos con picaportes y cerraduras en desuso. Todos estamos preparados para que llegue la marumba.
La marumba penetra por tus papilas gustativas pero no empalaga; traspasa tus retinas y por un instante enceguece. Pero después todo es mas claro. Te quita el aire y te da un respiro. Potente y delicada, la marumba intoxica con su aroma. Tibia y sedosa te envuelve. A veces te sacude con desenfado.
Nadie escapa a la marumba. Nadie se resiste. Es imposible.
Esta noche dejaré la puerta abierta de par en par. Y esperaré. Marumba, marumba, marumba...