Un hombre está sentado en una sala de espera. Mira el revistero. Son revistas viejas, gastadas, manoseadas. Elije una . Pasa las hojas de manera automática. Reconoce haber visto ese fancine por lo menos cien veces. Jamás siguió sus consejos, no cocinó el solomillo de cerdo a la mostaza ni se depiló de manera definitiva con láser; jamás hizo ese viaje en crucero y nunca supo cual es el color que mejor le queda.
La mesita ratona sólo tiene un florerito de porcelana ordinaria. El hombre lo observa detenidamente y descubre que está remendado en el borde. Unas florcitas de plástico intentan completar la decoración. No lo logran.
El silencio de la sala crea un zumbido horrible.
El hombre entrecruza sus manos y juega a unir las puntas de los dedos enfrentando las uñas. Meñique con meñique, anular con anular. Se le entreabre la boca mientras pega yema con yema. Aprovecha para chequear cuan mugrientas o impecables están los bordes de esas uñas. Se come el hollejo del dedo pulgar de la mano izquierda.
El sillón es marrón y aparenta ser mullido; quizás no sea cómodo porque los resortes están vencidos, el relleno de los almohadones está apelmasado y el hombre que está sentado, se hunde. Se hunde, y desaparece. Pierde su turno.
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viernes, 18 de noviembre de 2011
jueves, 28 de enero de 2010
Sala de espera 1
Las salas de espera son mi debilidad. Llevo revistas para prestar. Se forma una comunidad; casi terapia de grupo. Te levanta el ánimo saber que hay alguien más enfermo que vos. Pero tambien hay competencia, y a veces hasta desleal.
Las salas de espera también son un muy buen lugar para conocer tipos. Están de capa caída, con las defensas bajas, es más fácil abordarlos; más fácil que de costumbre. Sillones cómodos, aire acondicionado, maquinita expendedora de café por dos pesos. ¡Mucho más barato que ir a un after office!
Cuando te dan de alta algo se rompre. Todo tiene un final, todo termina... Que te den de alta es como recibirte pero sin viaje de egresados, sin diploma, sin chocolate en rama.
Las salas de espera también son un muy buen lugar para conocer tipos. Están de capa caída, con las defensas bajas, es más fácil abordarlos; más fácil que de costumbre. Sillones cómodos, aire acondicionado, maquinita expendedora de café por dos pesos. ¡Mucho más barato que ir a un after office!
Cuando te dan de alta algo se rompre. Todo tiene un final, todo termina... Que te den de alta es como recibirte pero sin viaje de egresados, sin diploma, sin chocolate en rama.
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